Desescolarización en México

Desescolarización en México. Educar fuera de la escuela en México
Una mirada honesta desde la experiencia

Cuando llegué a Playa del Carmen y comencé a convivir con familias de distintos países, fue la primera vez que escuché hablar seriamente de la educación fuera de la escuela tradicional. Muchas de esas familias venían de Europa o Estados Unidos y educaban a sus hijos en casa, o a través de modelos alternativos que hoy conocemos como homeschooling o worldschooling.

En ese momento yo trabajaba acompañando procesos de desarrollo del pensamiento en niños y niñas, y fue ahí donde empecé a observar algo que me marcó profundamente:
niños curiosos, motivados, seguros, con ganas de aprender… muy distintos a muchos de los que yo veía dentro del sistema escolar tradicional.

Aun así, cuando empecé a considerar esta posibilidad para mi propio hijo, aparecieron muchas dudas:
¿Es legal?
¿No se va a quedar atrás?
¿Y la socialización?
¿Y los certificados?
¿Y su futuro?

Hoy, después de varios años recorriendo este camino como mamá y como acompañante educativa, puedo decir algo con mucha claridad:

educar fuera de la escuela no es una decisión improvisada, ni una moda, ni una salida fácil.
Es un proceso profundo, consciente y transformador.

La desescolarización: mucho más que salir de la escuela

Con el tiempo comprendí algo fundamental:
la desescolarización no empieza cuando un niño deja la escuela, sino cuando los adultos empezamos a cuestionar nuestra forma de entender la educación.

Porque incluso fuera del sistema escolar, muchas veces seguimos cargando ideas muy arraigadas:

que aprender es memorizar

que todos deben aprender lo mismo al mismo tiempo

que el adulto decide qué es importante

que el error es algo negativo

que si no hay exámenes, no hay aprendizaje

Yo misma pasé por ese proceso.
Aunque mi hijo ya no estaba en la escuela tradicional, yo seguía preocupada por los contenidos, por compararlo con otros niños, por si “iba atrasado”.

Y ahí entendí algo clave:
👉 salir de la escuela no significa estar desescolarizado.

La desescolarización es un proceso interno.
Implica soltar el control, cuestionar creencias, observar más y dirigir menos.
Implica entender que aprender no es cumplir un programa, sino desarrollar habilidades profundas para comprender el mundo.

Aprender no es acumular contenidos

Uno de los aprendizajes más importantes en este camino fue comprender que la educación no se trata de “ver temas”, sino de desarrollar capacidades como:

pensar

analizar

investigar

relacionar ideas

comunicar

tomar decisiones

aprender a aprender

Cuando un niño desarrolla estas habilidades, tiene las herramientas necesarias para aprender cualquier cosa en el momento en que lo necesite.

Ahí fue cuando entendí que el verdadero objetivo de la educación no es adelantar contenidos, sino formar personas capaces de pensar por sí mismas.

Antes de hablar de legalidad, hay preguntas más profundas

Antes de preguntarnos si es legal o cómo se certifica, vale la pena detenernos en preguntas esenciales:

¿Qué entendemos por educación?

¿Para qué queremos que nuestros hijos aprendan?

¿Qué tipo de personas queremos formar?

¿Qué valoramos más: el proceso o el resultado?

¿Qué lugar ocupa el error en el aprendizaje?

Porque educar fuera de la escuela no es cambiar de formato, es cambiar de mirada.

La parte legal: una referencia importante

Cuando las familias empiezan a explorar este camino, una de las principales preocupaciones es la legalidad. Y es completamente comprensible.

En este punto, una referencia importante es Marta Rebolledo, investigadora y divulgadora especializada en educación alternativa y desescolarización, quien ha trabajado ampliamente el tema legal y los marcos educativos fuera del sistema escolar tradicional, especialmente en el ámbito hispanohablante.

Su trabajo ayuda a comprender que:

La educación es un derecho, no sinónimo obligatorio de escolarización

Existen distintas formas legales de educar

Es fundamental informarse, documentar y acompañar los procesos

La desescolarización requiere responsabilidad y conciencia

Si una familia tiene dudas legales, es recomendable buscar su trabajo y sus espacios de divulgación, ya que ofrece información clara y bien fundamentada.

¿Y cómo funciona esto en México?

En México, la educación es obligatoria, pero la escolarización no está definida como la única vía posible.

Esto permite que existan alternativas como:

Educación en casa

Centros de aprendizaje alternativo

Certificación mediante el INEA

Programas abiertos o en línea

En mi experiencia personal, este camino ha sido totalmente viable cuando existe un proceso real de aprendizaje, documentación y acompañamiento.

Mi hijo, por ejemplo:

No cursó preescolar completo

Certificó primaria a través del INEA

Certificó secundaria

Ingresó a preparatoria

Hoy continúa su formación de manera flexible, acorde a su proyecto de vida

Todo esto sin haber pasado por el sistema escolar tradicional, pero con un proceso educativo constante, profundo y acompañado.

Desescolarizar no es soltar, es acompañar distinto

Algo muy importante de decir es que la desescolarización no es abandono ni improvisación.

Al contrario:

requiere presencia

requiere observación

requiere diálogo

requiere acompañamiento

requiere responsabilidad

No se trata de dejar hacer, sino de saber cuándo intervenir y cuándo confiar.

Y sobre todo, se trata de entender que cada niño tiene un ritmo, un interés y una forma única de aprender.

Una reflexión final

Hoy puedo decir que el mayor aprendizaje de este camino no fue encontrar un modelo alternativo, sino aprender a confiar.

Confiar en mi hijo.
Confiar en su capacidad de aprender.
Confiar en los procesos.
Confiar en que el aprendizaje verdadero no se fuerza.

Educar fuera de la escuela no es para todas las familias, pero para quienes sienten que el sistema tradicional no responde a las necesidades de sus hijos, puede ser una oportunidad profunda de transformación.

No es un camino fácil, pero sí uno lleno de sentido.

¿Reconoces estas señales en tu hijo? En Crecer Verde hemos visto cómo niños que se sentían perdidos en el sistema tradicional florecen cuando encuentran un ambiente que respeta su forma natural de aprender. Si quieres conocer más sobre nuestra propuesta educativa basada en el Aprendizaje Ágil, te invitamos a agendar una visita. Porque cada niño merece un lugar donde pueda brillar.

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Vivimos un momento histórico particular: Nunca antes la humanidad había tenido acceso a tanta información, tanta tecnología y tantas posibilidades al mismo tiempo… y, paradójicamente, es común en este momento sentirse confundido, saturado o sin brújula.

Hoy niñas, niños y jóvenes tienen en sus manos, a través de un dispositivo, más información de la que cualquier generación anterior pudo imaginar, con un clic pueden acceder a datos, tutoriales, respuestas y opiniones de todo tipo. Y aun así, podemos ver o sentir más desorientación, ansiedad, falta de motivación y desconexión.

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Una de las preguntas más legítimas cuando una familia se asoma a una educación distinta es esta:
“Si no hay exámenes ni calificaciones… ¿Cómo voy a saber si mi hija, mi hijo está aprendiendo?”

La inquietud es comprensible porque venimos de un modelo donde el número en la boleta funciona como “prueba” de avance. Pero en la práctica, las calificaciones suelen medir solo una parte del fenómeno; desempeño en un momento específico, bajo un formato específico, muchas veces orientado a “acertar” más que a comprender.
En cambio, si lo que buscamos es aprendizaje que permanezca, que se traduzca en criterio, en autonomía, en capacidad real para la vida… Entonces necesitamos otra forma de mirar.

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